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La próxima liberación de Francia

Ségolène Royal revirtió el rumbo de los acontecimientos en el Partido Socialista para convertirse en la portadora del estandarte en las elecciones del año próximo. Pero su triunfo es sólo parte de un intenso debate político como Francia no ha visto en décadas. De cara a las elecciones parlamentarias y presidenciales del año próximo, las apuestas son tan elevadas como en cualquier otro momento crucial en la historia moderna de Francia.

Una característica distintiva del debate actual es su grupo de intelectuales públicos como Jacques Marseille, Nicolas Baverez, Elie Cohen y Stephane Rozes, ninguno de los cuales suscribe a la antigua noción de la singularidad francesa (la llamada exception française ). Su pensamiento está a la vanguardia de un reconocimiento cada vez más amplio de que Francia debe enfrentar los desafíos del mundo tal como son y no como los franceses quieren que sean. Esto significa aceptar la globalización y habérselas con ella.

A decir verdad, Francia tiene las herramientas para salir adelante. Con apenas el 1% de la población mundial, Francia es la sexta economía en importancia, ocupa el cuarto puesto en comercio internacional y el tercero en exportaciones de bienes y servicios. Más del 40% de las principales compañías que cotizan en la Bolsa de París están en manos extranjeras. De hecho, uno de cada siete trabajadores es empleado de una empresa extranjera, comparado con uno de cada diez en Gran Bretaña y uno de cada veinte en Estados Unidos. La productividad es relativamente alta, a 33 dólares la hora, comprada con 27 dólares en el caso de Gran Bretaña.

Es más, Francia se beneficiará con importantes ganancias de las exportaciones al mundo emergente de rápido crecimiento, ya que produce más bienes competitivos de alto valor agregado que, por ejemplo, los países del sur de Europa, cuyas exportaciones están más cerca de las de los principales países emergentes.