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¿Los Estados Unidos por poderes?

PARÍS – La caída del Imperio Romano fue consecuencia de una combinación de un exceso estratégico y una delegación excesiva de los cometidos de seguridad a unos recién llegados. Sin pretender hacer comparaciones indebidas, la cuestión que se plantea actualmente a los Estados Unidos es si pueden seguir siendo la potencia principal del mundo y al tiempo delegar en otros o en instrumentos técnicos la tarea de proteger su influencia mundial.

Los aviones teledirigidos y los aliados –armas no humanas y soldados no americanos– han pasado a ser fundamentales para la doctrina militar de los Estados Unidos. Como cuentan con el mayor adelanto tecnológico del mundo y al tiempo dirigen desde detrás las fuerzas de combate en tierra, ya que no en el aire, no se puede pasar por alto el cambio dado por los EE.UU.

En primer lugar hubo la intervención combinada francesa y británica en Libia, que provocó el derrocamiento del régimen del coronel Muamar El Gadafi; después la intervención francesa en Malí y ahora los ataques aéreos israelíes en Siria. Desde luego, cada uno de esos casos es totalmente distinto, pero todos ellos tienen algo en común: los Estados Unidos no han estado en la primera línea de la intervención. Sin embargo, sin su apoyo militar directo o su apoyo político indirecto (y en algunos casos implícito), resulta difícil imaginar que se hubieran lanzado semejantes operaciones arriesgadas. ¿Se han vuelto los británicos, los franceses e incluso los israelíes extensiones armadas de los EE.UU. en sus esferas de influencia respectivas?

De ser así, el contraste con el pasado reciente no podría ser más claro. Después de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001, los americanos no podían imaginar, sencillamente, que compartirían sus cometidos de seguridad con otros. En el mejor de los casos, los europeos podían ser “las señoras de la limpieza” de los Estados Unidos, por utilizar la grosera analogía acuñada en aquel momento por algunos pensadores neoconservadores durante el primer mandato en su cargo de George W. Bush.