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Los ganadores (relativos) de la nueva economía mundial

CAMBRIDGE – La economía mundial se enfrenta a una importante incertidumbre en el corto plazo. ¿Podrá la eurozona resolver sus problemas y evitar su desintegración? ¿Podrá Estados Unidos trazar una senda que lo lleve otra vez al crecimiento? ¿Encontrará China un modo de revertir su desaceleración económica?

Las respuestas a estas preguntas determinarán el curso de la economía global en los próximos años. Pero, independientemente de cómo se resuelvan los desafíos inmediatos, es evidente que la economía mundial también está ingresando en una nueva etapa de dificultades a más largo plazo, que será mucho menos propicia para el crecimiento económico que cualquier otra época desde el final de la Segunda Guerra Mundial.

Sin importar cómo resuelvan sus problemas actuales, Europa y Estados Unidos saldrán de esta crisis con altos niveles de endeudamiento, bajas tasas de crecimiento y un entorno político interno conflictivo. Aun en el mejor de los casos (suponiendo la permanencia del euro), Europa quedará sumida en la difícil tarea de reconstruir su desgastada unión. Y la política económica en Estados Unidos seguirá paralizada por la polarización ideológica entre demócratas y republicanos.

De hecho, en casi todas las economías avanzadas, la mezcla de altos niveles de desigualdad, presiones sobre la clase media y envejecimiento poblacional alimentará conflictos políticos en un contexto de desempleo y escasez de recursos fiscales. A medida que estas viejas democracias se vuelquen al interior, su participación internacional será menos constructiva y se mostrarán más reacias a sostener el sistema multilateral de comercio internacional y más propensas a responder unilateralmente a las políticas económicas de otros países que perciban como contrarias a sus intereses.