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La guerra civil de los musulmanes

¿Es hoy la división entre chiíes y suníes en el Oriente Próximo más profunda que el antagonismo entre Israel y los árabes? Se podría pensar eso, dada la respuesta de algunos gobiernos árabes a la decisión de Hizbulah de atacar a Israel. Incluso en momentos que las bombas israelíes caían sobre Beirut y Tiro, Arabia Saudita, quizás el país árabe musulmán más conservador de todos, condenó abiertamente las acciones de Hizbulah, que es una organización shií, por instigar el conflicto con Israel. Nunca antes en la historia del conflicto árabe-israelí un estado que se considera líder de los pueblos musulmanes árabes había respaldado a Israel tan abiertamente.

Más aún, el quiebre de Arabia Saudita con Hizbulah no es algo aislado. Egipto y Jordania también han condenado categóricamente a Hizbulah y a su líder, el jeque Hassan Nasrallah, por su falta de responsabilidad.

¿Qué hay detrás de esta sorprendente actitud? ¿Estamos presenciando un cambio fundamental en las relaciones entre el nacionalismo árabe y el sectarismo islámico? ¿Está Arabia Saudita más preocupada y atemorizada ante el Islam chií que comprometida con la unidad árabe y la causa palestina?

Las acusaciones de los árabes contra Hizbulah sugieren que la división sectaria entre los musulmanes, ya evidente en la violencia cotidiana en Irak, se está profundizando y haciendo más intensa en el Oriente Próximo. El deseo del Presidente George W. Bush de remecer las inmóviles sociedades del mundo árabe tenía la intención de levantar las fuerzas de la modernización contra los elementos tradicionales de las sociedades árabes e islámicas. En lugar de ello, parece haber desatado las fuerzas más atávicas de la región. Abrir esta Caja de Pandora puede haber dado inicio a una nueva y más amarga era de violencia generalizada, que tal vez sólo se pueda llamar una “Guerra civil musulmana”.