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En la mañana posterior a las elecciones de Israel

TEL AVIV – “Los votantes”, dijo Benjamin Netanyahu en su extraño discurso de la victoria, durante la extraña noche postelectoral de Israel, “han hablado”. Y lo han hecho: con una multiplicidad de voces contradictorias.

Bienvenidos al loco mundo de la democracia parlametaria israelí. El sistema político más variopinto del mundo acaba de estrellarse contra un callejón sin salida.

Un chiste local es el de que los israelíes tienen más partidos que votantes. Así como otras democracias cuentan con una derecha, una izquierda y un centro, nosotros tenemos partidos judíos y árabes, seculares y religiosos, pacifistas e intransigentes, socialistas y de libertad de mercado. Cada uno de los grupos está muy dividido, a su vez, en un dinámico entrecruzamiento de credos e intereses, ideales y apetitos.

Lo que es un paraíso para los científicos políticos es una pesadilla para quienquiera que intente gobernar el país en serio, pero estas elecciones han conducido a Israel a un atolladero de mil demonios.