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La Mentalidad de la Derecha

La impresionante actuación de Jean Marie Le Pen en las elecciones presidenciales francesas puso al desnudo no sólo los males de la política tradicional francesa, sino también la profunda crisis que enfrentan los conservadores democráticos tradicionales de Europa, quienes ahora se enfrentan a crecientes partidos xenofóbicos en Holanda, Dinamarca, Austria, Bélgica y Alemania. Jürgen Rüttgers, líder conservador alemán, nos ofrece su diagnóstico.

A lo largo y ancho de Europa, el conservadurismo está en crisis. Los partidos políticos que se autonombran conservadores y que son percibidos como conservadores por los votantes siguen ganando eleccinoes y asumiendo el poder. Pero el conservadurismo democrático como un punto de vista mundial, como un marco conceptual y como una forma de comportamiento, sea en el poder o como forma de oposición política, es cada vez más difícil de articular. En efecto, apenas unos cuantos pueden hoy en día ofrecer una definición satisfactoria de lo que significa ser conservador.

Parte del problema, por lo menos en cuanto a las elecciones, es que las esperanzas proyectadas por los partidos "liberales" y "progresivos" son mucho más atractivas y exitosas que el natural escepticismo del conservador. Como lo dijo el editor y periodista político Konrad Adam, "el escepticismo es un sentimiento, no un programa".

Pero los partidos conservadores europeos más fuertes -a menudo demócratas cristianos- siguen atrayendo a los votantes. ¿Es esto mera inercia? El historiador Paul Nolte critica a los conservadores por ser estratégicamente flojos. Durante las últimas dos o tres décadas, argumenta, los conservadores se volvieron complacientes "ante los debates políticos, programáticos e intelectuales -y con suficiente frecuencia, la autolaceración- de la izquierda". Los conservadores se relajaron y se beneficiaron con la implosión de la izquierda, pero "ignoraron el hecho de que su propia necesidad de discusión era igual de urgente".