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El nuevo juego de Oriente Medio

MADRID – Aún no se sabe a ciencia cierta si la Primavera Árabe será o no el preludio de democracias creíbles en el mundo árabe. Pero, si bien el polvo todavía no se asentó tras meses de agitación en Túnez, El Cairo y otras partes, las revueltas árabes ya tuvieron un impacto masivo en la estructura estratégica de Oriente Medio.

Hasta hace poco, la región estaba dividida en dos campos: una alineación árabe incoherente y debilitada, y un "Eje de Resistencia", integrado por Irán, Siria, Hamas y Hezbollah, contra los designios norteamericanos e israelíes para la región. Impulsada por una estrategia de "cero problemas" con sus vecinos, la búsqueda de Turquía de un rol preponderante en la política de Oriente Medio la acercó a Siria e Irán.

La Primavera Árabe expuso los cimientos frágiles sobre los que se construyó el Eje de Resistencia, y lo empujó al borde del colapso. El primero en abrirse fue Hamas. Temeroso de las consecuencias de la desaparición de sus patrocinadores en Damasco, Hamas tácticamente se retiró del Eje y permitió que Egipto lo liderara hacia una reconciliación con la pro-occidental Autoridad Palestina, aceptando términos que había rechazado bajo el régimen depuesto de Hosni Mubarak en Egipto.

Turquía está genuinamente interesada en una solución de dos estados para la disputa palestino-israelí y en un sistema regional de paz y seguridad, mientras que Irán y Hezbollah están empeñados en hacer descarrilar a ambos para negarle a Israel el tipo de paz con el mundo árabe que terminaría aislando a Irán. Más allá de su conflicto enconado con Israel, Turquía, a diferencia de Irán, no es un enemigo incondicional del estado judío, y no descartaría un acuerdo con el gobierno de Benjamin Netanyahu. De hecho, actualmente se están llevando a cabo conversaciones entre las partes para restablecer relaciones más normales.