Dean Rohrer

El nuevo juego de Oriente Medio

MADRID – Aún no se sabe a ciencia cierta si la Primavera Árabe será o no el preludio de democracias creíbles en el mundo árabe. Pero, si bien el polvo todavía no se asentó tras meses de agitación en Túnez, El Cairo y otras partes, las revueltas árabes ya tuvieron un impacto masivo en la estructura estratégica de Oriente Medio.

Hasta hace poco, la región estaba dividida en dos campos: una alineación árabe incoherente y debilitada, y un "Eje de Resistencia", integrado por Irán, Siria, Hamas y Hezbollah, contra los designios norteamericanos e israelíes para la región. Impulsada por una estrategia de "cero problemas" con sus vecinos, la búsqueda de Turquía de un rol preponderante en la política de Oriente Medio la acercó a Siria e Irán.

La Primavera Árabe expuso los cimientos frágiles sobre los que se construyó el Eje de Resistencia, y lo empujó al borde del colapso. El primero en abrirse fue Hamas. Temeroso de las consecuencias de la desaparición de sus patrocinadores en Damasco, Hamas tácticamente se retiró del Eje y permitió que Egipto lo liderara hacia una reconciliación con la pro-occidental Autoridad Palestina, aceptando términos que había rechazado bajo el régimen depuesto de Hosni Mubarak en Egipto.

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