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El renacer del Mediterráneo

El Mediterráneo está sufriendo una importante transformación política. Las revueltas de la ribera sur están en proceso de traer la anhelada democracia a esta región. Pero el Mediterráneo también está experimentando otro renacer, más silencioso pero geoeconómicamente muy relevante.

El cambio de poder de Occidente a Oriente, de Atlántico a Pacífico se vive con aprensión en USA y Europa. La pérdida de poder geopolítico y económico de éstos es evidente y la futura conducta geopolítica de los nuevos poderosos—Brasil, China e India—es aún incierta. Pero puede ser también una oportunidad para el Mediterráneo.

En un mundo centrado en Occidente, el Océano Atlántico es el mar principal. El Atlántico ha dominado los últimos tres siglos. En cambio, en un mundo centrado en Oriente, los mares principales son el Pacífico por un lado y el Mediterráneo y el Índico, por otro. En el mundo actual, la potente relación Asia-Europa pasa por el Mediterráneo.

Hoy en día, el flujo marítimo entre el Lejano Oriente y Europa alcanza 18 millones de TEU (unidades equivalentes a contenedores de 6 metros de largo) al año, el flujo transpacífico 20 millones de TEU, mientras que el flujo transatlántico Europa-América  es de solo 4,4 millones de TEU. El flujo marítimo Lejano Oriente–Europa utiliza la ruta que pasa por el Mediterráneo entrando por el Canal de Suez, mucho más rápida que las otras que pasan por el Canal de Panamá o que rodean  Suráfrica, e incluso que la hipotética ruta ártica (en el caso de que ésta, tristemente, se deshelara).