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El imperativo manufacturero

CAMBRIDGE - Puede que vivamos en una era post-industrial, en el que las tecnologías de la información, la biotecnología y servicios de alto valor se han convertido en motores del crecimiento económico, pero los países ignoran la solidez de su sector manufacturero por su cuenta y riesgo.

Los servicios de alta tecnología requieren conocimientos especializados y crean pocos puestos de trabajo, por lo que su contribución al empleo total es necesariamente limitada. El sector manufacturero, por otro lado, puede absorber gran cantidad de trabajadores con una especialización moderada, dándoles puestos de trabajo estables y buenos beneficios. Por tanto, para la mayoría de los países sigue siendo una importante fuente de empleos bien remunerados.

De hecho, el sector manufacturero es también donde las clases medias del mundo, toman forma y se desarrollan. Sin una base manufacturera vibrante, las sociedades tienden a dividirse entre ricos y pobres: quienes tienen acceso a puestos de trabajo estables y bien remunerados, y aquellos cuyos empleos son menos seguros y viven existencias más precarias. En última instancia, la manufactura puede ser fundamental para el vigor de la democracia de una nación.

Estados Unidos ha experimentado un constante proceso de desindustrialización en las últimas décadas, en parte debido a la competencia global y en parte debido a los cambios tecnológicos. Desde 1990, la proporción del sector manufacturero en términos de empleo se ha reducido en casi cinco puntos porcentuales. Esto no habría sido necesariamente una mala cosa si la productividad (y las remuneraciones) de la mano de obra no fueran sustancialmente más altas en la industria manufacturera que en el resto de la economía, un 75% más, de hecho.