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El maleable señor Medvedev

LONDRES – Mientras Dmitri Medvedev espera su estreno en el cargo el 7 de mayo, Occidente está examinando cada una de sus palabras, ansioso de la más ligera señal de que el nuevo presidente de Rusia será más ampquot;razonableampquot; y fácil de tratar que Vladimir Putin, el hombre que hizo que resultara electo.

Si uno es selectivo con la evidencia, se puede crear una historia más o menos razonable para quienes estén lo suficientemente desesperados como para creerla. Medvedev era un veinteañero cuando se desintegró la Unión Soviética, por lo que está menos ampquot;contaminadoampquot; por la mentalidad soviética. Habla inglés con fluidez y no posee un historial de haber trabajado en los servicios secretos; además, ha tratado por cerca de una década con Occidente como la principal figura de la industria energética rusa. Más aún, se trata de un abogado (lo que supuestamente le hace sentir más respeto por el imperio de la ley) y sus declaraciones y entrevistas hasta ahora han sido en gran medida moderadas, incluso liberales.

Lamentablemente, las palabras significan muy poco en un país tan bizantino. De hecho, Medvedev será el gobernante más maleable de Rusia desde el Zar Nicolás II. Si bien los instintos liberales de Medvedev son debatibles, las fuerzas organizadas contra él no son nada de inciertas: el clan Sechin, el clan Cherkessov, los siloviki del ejército y los servicios de seguridad, los rivales a quienes derrotó para llegar a la cima y, por supuesto, su predecesor y mentor, Putin.

La ironía es que Medvedev casi no tiene margen de maniobra, a pesar de estar investido de una de las presidencias más poderosas del mundo. Su popularidad le ha sido otorgada sin que él se la haya ganado, por lo que puede perderla tan fácilmente como la recibió.