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La creación de la reforma monetaria internacional

BRUSELAS – Si el presidente francés, Nicolas Sarkozy, hubiera escrito el prólogo de su presidencia del G-20, que acaba de comenzar, no podría haberlo hecho mejor. Las vísperas de la cumbre del G-20 en Seúl se vieron entorpecidas por una serie de controversias monetarias, lo que puso sobre el tapete la reforma monetaria internacional. Si bien las intenciones francesas de reformar el sistema monetario internacional habían sido recibidas con escepticismo en un principio, de repente la reforma parece ser la prioridad correcta en el momento correcto.

La tarea no es simple. El tema es abstruso. Nadie fuera de la academia se interesó en él durante los últimos 20 años. En consecuencia, prácticamente no existe ninguna propuesta integral sobre la mesa.

Estados Unidos, para el que la reforma monetaria internacional es sinónimo de disminución del papel global del dólar, se muestra indiferente. China, que lanzó la idea, está feliz de ver que la discusión cobre fuerza, pero carece de ideas precisas. Como el tiempo está de su lado, no ve razón para apurarse.

Los países emergentes tienen una opinión similar: quieren que sus problemas se resuelvan, pero no están dispuestos a reescribir las reglas del juego. Japón es entusiasta, pero sus opiniones sobre la cooperación monetaria regional no coinciden con las de China. Y Europa está más distraída que nunca con sus crisis internas.