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Los años de Lula

SAO PAULO – Un artículo reciente de un periódico brasileño describió un día en la vida del Presidente Inácio Lula da Silva, mientras hacía campaña para las elecciones de octubre, cuando será elegido a su sucesor. El día de Lula comenzó antes de la salida del sol en las puertas de una fábrica de automóviles en São Bernardo do Campo, situada en el cinturón industrial de Sao Paulo, allí donde empezó a destacar, hace 30 años, como un dirigente sindical que desafiaba a la dictadura militar.

El objeto de la visita era hacer campaña a favor de Dilma Rousseff, candidata a la presidencia, nombrada por él, ex jefa de su gabinete y principal artífice del programa de inversión de su gobierno, formulado en 2007 para acelerar el crecimiento. Ese mismo día Lula se reunió con empresarios de la construcción de infraestructuras en un lujoso hotel del centro de la ciudad. Se digirió a ellos como “compañeros”, exactamente como había hecho unas horas antes con los trabajadores automovilísticos.

Hoy día, los patronos del Brasil vitorean tan fuertemente a Lula como los sindicalistas, cosa que no es de extrañar, dadas las enormes sumas que se están gastando en infraestructuras (con un gasto público en gran escala), el generoso programa de desembolso de capital de Petrobras, compañía petrolera estatal, y los créditos otorgados por bancos estatales para viviendas destinadas a personas de bajos ingresos.

Pero la popularidad de Lula refleja tanto su habilidad política como el éxito de su programa económico y social. Su gobierno puede jactarse de haber reducido la pobreza del 35 por ciento al 22 por ciento de la población y también de haber mantenido una tendencia hacia una menor desigualdad, pues el coeficiente Gini --escala de concentración de la riqueza de 0 a 1-- se ha reducido de 0,583 en 2003 a 0,548 en 2008.