Los límites de la autosuficiencia

Ser presidente de una nación africana no es fácil. Hace quince meses mi gobierno fue libremente electo. No disfrutamos de un periodo de luna de miel. Por el contrario, nos encontramos con una situación económica catastrófica: inflación galopante, tasas de interés insosteniblemente altas, una divisa colapsada y una pérdida de confianza generalizada.

Bajo estas circunstancias, mi gobierno tomó decisiones difíciles y las tomó con rapidez. Nos comprometimos a gastar únicamente lo que tenemos o lo que razonablemente podemos esperar que tendremos. Actuamos con cautela y pragmatismo en el manejo del tipo de cambio de nuestra divisa y nuestros asuntos monetarios, con lo que hemos alcanzado un cierto grado de estabilidad.

Yo puedo recibir el crédito por los éxitos modestos, pero Ghana necesita más que éxitos modestos. Ghana fue la primera nación subsahariana en obtener su independencia de una potencia colonial, en 1957. Sin embargo, el ingreso per cápita promedio de mi pueblo es menor ahora que en los años sesenta, una década después de la independencia. Muchas de nuestras familias subsisten con menos de un dólar diario. Nuestra enorme tasa de crecimeinto demográfico agobia a nuestras escuelas y hospitales. Las enfermedades endémicas nos amenazan a todos, pero sobre todo a nuestros niños.

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