Los límites de la democracia

La elección del militante y hasta ahora extraparlamentario grupo Hamas en los territorios palestinos nos recuerda lo que la democracia no puede lograr. En un Estado democrático más asentado nadie se asombra de que su propio bando no gane. La democracia consiste en la competencia entre partidos y, a no ser que constituyan una "gran coalición", no pueden ganar todos, pero, ¿y si los vencedores de una elección no tienen intención de respetar las normas que forman parte del proceso democrático?

Recordamos a Hitler, que, pese a que su partido consiguió poco menos del 50 por ciento de los votos, pudo basar su "toma del poder" en una mayoría parlamentaria. Más recientemente, las elecciones en los países poscomunistas de Europa han llevado al poder a grupos cuyas credenciales democráticas son dudosas, por no decir algo peor.

No pretendo comparar a Hamas con ninguna de esas fuerzas políticas. No obstante, debemos hacernos preguntas sobre un movimiento vencedor con no pocos de sus miembros electos presos en cárceles israelíes y otros que probablemente no obtendrán el permiso para entrar en el país en el que fueron elegidos, por lo que el nuevo parlamento no podrá funcionar adecuadamente.

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