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Las elecciones defectuosas de los Estados Unidos

PRINCETON – Sin duda muchas personas en todo el mundo, si no es que la mayoría, sintieron alivio porque el presidente estadounidense, Barack Obama logró reelegirse. La BBC realizó una encuesta  en 21 países y los resultados mostraron una fuerte preferencia por Obama casi en todos lados excepto en Pakistán. Sin embargo, la alegría por la victoria de Obama no debe impedirnos ver que estuvieron ausentes una serie de puntos de referencias éticos para unas elecciones democráticas.

De acuerdo con el Centro para una Política Responsable con sede en Estados Unidos, el gasto en las elecciones –para Presidente y Congreso, incluido el gasto de grupos externos así como de los candidatos y sus partidos políticos– se calcula rebasó los 6 mil millones de dólares. Ello significa que estas elecciones de 2012 han sido las más caras de la historia de los Estados Unidos.

Una gran parte del gasto la dedicaron ambos partidos a neutralizarse entre sí. Esto solo beneficia a las agencias de publicidad y los medios de comunicación, a nadie más, tampoco a los partidos ni a los espectadores, que se ven abrumados con infinidad de anuncios, sobre todo si viven en estados altamente divididos y disputados. Es difícil pensar que, por ejemplo, unos 200 millones de dólares no habrían sido suficientes para informar adecuadamente al electorado sobre las políticas de los candidatos.

Ante esta situación los límites de gasto habrían servido para ahorrar alrededor de 5,800 millones de dólares. Además, si esos límites de gasto se combinaran con financiamiento público para campañas electorales, también serviría para que en las elecciones se cumpliera un importante estándar ético al no permitir a los ricos tener una influencia desproporcionada en los resultados, y por ende, en las subsiguientes acciones del Presidente y el Congreso.