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Las lecciones de Sudáfrica

Sudáfrica comenzará a presenciar el término de la vida pública de Thabo Mbeki, su segundo presidente desde el fin de la era del apartheid, por lo que se trata de un momento muy oportuno para mirar en retrospectiva y evaluar nuestros logros, tomar nota de nuestros fracasos y, tal vez, ver qué elementos de nuestra transición pueden aplicarse en otros países del mundo.

Se trata de un ejercicio que en Sudáfrica no estamos acostumbrados a emprender, ya que no tendemos a vernos como ejemplos para los demás. Tenemos la tendencia a dar por sentados logros que en realidad son notables, y no nos damos el suficiente crédito. Como resultado, tendemos a poner una nube invisible detrás de cada rayo de sol; parecemos pensar que nuestros logros tienen sentido sólo para nosotros mismos.

El resto del mundo aún no valora en su verdadera dimensión la razonablemente pacífica transición de Sudáfrica de la represión a la democracia. Todos recordamos los primeros días del traspaso del poder a la mayoría negra, cuando gran parte de la opinión pública creía que caeríamos en un terrible baño de sangre debido a las disputas raciales.

Fue una época desesperada, breve pero marcada a fuego en nuestra memoria, cuando eran comunes los asesinatos indiscriminados en trenes, taxis y buses, y ocurrían masacres a intervalos regulares: Sebokeng, Thokoza, Bisho, Boipatong, y los campos de la muerte de KwaZulu Natal, a causa de la sangrienta rivalidad entre el Congreso Nacional Africano y el Partido zulu Inkatha por la Libertad.