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El último país totalitario de Europa

Este país de diez millones de habitantes ha estado gobernado desde hace más de 11 años por Alexander Lukashenka, para quien gobernar significa abusar ampliamente de los derechos humanos y ciudadanos básicos a diario, eliminar y encarcelar a sus opositores y a periodistas y engañar al pueblo a través de los medios masivos que están bajo su control.

En otoño pasado, en un referéndum poco creíble, Lukashenka hizo que se eliminara el límite de dos períodos consecutivos en la presidencia y de esa manera dio el primer paso para prolongar su administración más allá de 2006, cuando su actual período terminará.

Desde entonces, durante varios meses, y en gran medida sin que la mayoría de los medios y los políticos del mundo democrático se den cuenta, se ha ido liquidando sistemáticamente a los últimos restos de las organizaciones no gubernamentales, la prensa independiente y los partidos políticos que pudieran frustrar los planes del autócrata belaruso de prolongar su mandato al infinito. El bloqueo informativo del país está aumentando, se están limitando las oportunidades de los jóvenes de estudiar en el exterior y el último diario independiente, el ”Narodnaja Volja” está a punto de ser clausurado. Alexander Lukashenka puede hacer todo esto gracias no sólo a una herencia desagradable de estructuras sociales postsoviéticas totalmente diezmadas sino también a la falta de interés en la suerte de Belarús de parte de los países democráticos.