0

Los dos pasos del Kremlin

Moscú – A menudo los occidentales ven la política rusa en términos de una lucha de alto nivel entre liberales y conservadores: Ligachev y Yakovlev bajo Gorbachev, reformistas y nacionalistas bajo Yeltsin, siloviki y liberales económicos bajo Putin. Además, ven a Rusia en términos de una tradición en la cual cada nuevo zar repudia en parte el legado de su predecesor, creando un deshielo político al comienzo del nuevo reinado. El mejor ejemplo es la desestalinización emprendida por Kruschev.

Ambos métodos se utilizaron para describir la relación Putin-Medvedev con el fin de comprender su naturaleza y dinámica, y lo que implica para Rusia. Sin embargo, los observadores siguen confundidos.

Descalificar a Medvedev como un mero títere de Putin, un puente constitucional entre el segundo y un tercer mandato presidencial de Putin sería injusto y erróneo. El tercer presidente de Rusia tiene un papel más amplio y una función clara. A la inversa, presentar a Putin como "un hombre del pasado" y a Medvedev como "una esperanza para el futuro" exagera las diferencias entre ellos y pasa por alto los factores más importantes que los unen. Se necesita un mejor modelo analítico.

A pesar de toda la aparente frescura de los últimos pronunciamientos de Medvedev, entre ellos su ahora famoso artículo “¡Vamos, Rusia!” –un llamado a la modernización y el liberalismo-, toma mucho prestado del vocabulario de Putin del año 2000. Esto sugiere que el tema de la modernización, que tuvo un bajo perfil durante los años de los altos precios del petróleo, está de vuelta en el Kremlin.