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¿Traición al Reino?

LONDRES – El rey Abdullah de Arabia Saudita está cada vez más solo. No nada más ha visto como han caído sus aliados cercanos, el presidente Hosni Mubarak en Egipto y Ali Abdullah Saleh en Yemen, sino también cómo se han tambaleado los tronos de reyes como él en Bahrein, Marruecos y Jordania debido a las protestas públicas.

Ahora el viejo protector del reino, los Estados Unidos, que defraudaron a Abdullah al aceptar (a regañadientes) la primavera árabe, está a punto de retirar sus tropas del vecino Iraq. Abdullah se pregunta ahora ¿quién mantendrá al lobo iraní lejos del reino?

Según un acuerdo de seguridad con el gobierno iraquí, los Estados Unidos deben retirar sus fuerzas armadas para finales de este año. Arabia Saudita, junto con sus vecinos del Golfo gobernados por los sunitas, ansía que permanezcan algunas tropas estadounidenses en Iraq para ayudar a mantener controlado el resurgimiento de Irán. No es necesario convencer a los Estados Unidos de ello, pero el pueblo estadounidense –y el público iraquí- quieren que las tropas regresen a su país. Ninguna facción política iraquí desea que se le culpe de prolongar la ocupación, pero la mayoría, a excepción del movimiento de Muqtada al-Sadr, estará de acuerdo en mantener la presencia militar estadounidense por cinco años más.

Aunque los Estados Unidos y las monarquías del Golfo comparten el temor a Irán, hay muchas otras cosas sobre Iraq y la región que están ahora en disputa. A Arabia Saudita aún le disgusta la idea de un Iraq democrático gobernado por la mayoría chiíta. Los chiítas, considerados apóstatas por las clases dirigentes wahhabíes del reino, son vistos como una amenaza para la existencia y legitimidad del Estado saudita, no sólo por el poder de Irán sino también por la magnitud de la población chiíta local, que está concentrada alrededor de los campos petroleros del país.