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El Reino y el caos afgano

LONDRES – Como parte de sus esfuerzos por estabilizar su país, el presidente de Afganistán, Hamid Karzai, llegó la semana pasada, vestido con una túnica blanca, a la Meca en lo que sólo puede describirse como una peregrinación diplomática. Aunque Karzai indudablemente dedicó un tiempo para rezar en el sitio más sagrado del Islam, el objetivo de su misión era demostrar más que su devoción.

¿Qué beneficio diplomático o financiero buscaba Karzai? ¿Por qué viajar a Arabia Saudita justo en el momento en que comienza el aumento de las operaciones militares del presidente estadounidense Barack Obama? ¿Puede Arabia Saudita desempeñar un papel serio para resolver el conflicto cada vez más sangriento en Afganistán?

Un elemento que pueden utilizar los sauditas es su estricta ideología islámica, que los talibanes comparten. En efecto, los sauditas, apoyados por los servicios de inteligencia militar pakistaníes, apoyaron a las madrazas donde se educaron los talibanes antes de ir a buscar el poder en la década de los noventa. En teoría, los sauditas también tienen la influencia económica tanto para atraer a los talibanes como para contenerlos. Puesto que estuvieron presentes en la creación de los talibanes, los sauditas saben cómo dirigirse a sus líderes.

Además, Arabia Saudita ha estado cada vez más dispuesta a utilizar la Meca como foro para intentar resolver disputas políticas regionales. Al parecer, el régimen saudita descubrió hace poco el gran poder blando que le otorga su custodia de la Meca y Medina –los sitios más sagrados del Islam. En efecto, la Meca se ha convertido en un lugar importante para realizar cumbres políticas y en un instrumento de mediación, si no es que de manipulación de los medios.