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El naufragio de Costa de Marfil

La joya de Africa occidental se está fracturando. El milagro de Costa de Marfil se ha convertido en el infierno de Costa de Marfil, donde tanto los locales como los extranjeros viven con miedo.

Desde la llegada de un pequeño contingente de tropas francesas en 2003, los horrores de la más reciente guerra civil africana han irrumpido de vez en cuando en la conciencia del público mundial para después volver a olvidarse. Por ejemplo, en noviembre pasado siete soldados franceses murieron en un ataque aéreo que ordenó el régimen en contra de los rebeldes en el norte. Francia respondió destruyendo la minúscula fuerza aérea del país. Ahora que su mandato de mantenimiento de la paz expire el 4 de abril, Francia podría decidir retirarse. Muchos habitantes de Costa de Marfil temen que eso signifique una renovada guerra civil.

Pero en lugar de intervenciones internacionales, lo que Costa de Marfil necesita son soluciones locales para sus problemas. Debe evitar el pernicioso nacionalismo étnico de los años recientes que condujo a que a un grupo étnico se le prohibiera competir en las elecciones presidenciales. Sin soluciones que tengan un apoyo amplio, Costa de Marfil se agregará probablemente a la sombría lista de los Estados fallidos del mundo precisamente por su incapacidad para convertirse en una nación cohesiva basada en la igualdad de derechos políticos para todos.

Lamentablemente, el problema de los conflictos interétnicos es muy típico de Africa. El ejemplo de Costa de Marfil no es ni único ni el más extremo –al menos todavía no. Vienen a la mente de inmediato los horrores de Rwanda y los más recientes de Darfur. Pero el dilema de Costa de Marfil es notable tanto porque la caída del país se dio desde una altura relativamente mayor como por las lecciones que encierra sobre la manera en que fracasan los Estados.