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La tortuga india y la liebre china

El tema de este año del "Foro Económico Mundial" fue "la India en todas partes". En el Occidente se pone tanta atención a China que los logros de la India frecuentemente sólo se reconocen en una reflexión tardía. Como para subrayar la idea de que la estabilidad política debe triunfar en el largo plazo, los indios cubrieron los autobuses suizos con la leyenda: "India: la democracia de más rápido crecimiento en el mundo".

La ofensiva mediática de la India tuvo un enorme éxito. En Davos, un ponente tras otro pregonaron la idea de que aunque China ahora lleva la delantera, en el largo plazo la carrera entre los dos gigantes de Asia no está decidida. Al menos durante algunos días, el surgimiento de la India como una superpotencia del mismo nivel que China se tomó como un hecho consumado. Pero, ¿cuál es la realidad en la carrera entre economías que tienen más de mil millones de personas cada una?

A primera vista, China le lleva una gran ventaja a la India. Hace veinticinco años, al comienzo de la ola de globalización actual, la producción nacional tanto en la India como en China era más o menos la misma. Ahora, bajo cualquier parámetro, China es más de dos veces más rica.

Pero la diferencia real no es tanto que a los chinos exitosos les vaya mejor que a los indios exitosos. Después de todo, las élites indias son triunfadores mundiales, como lo demuestra la audaz oferta de 22 mil millones de dólares que hizo Lakshmi Mittal por la acerera francesa Arcelor. No, la diferencia real -lo admitamos o no- es que el gobierno comunista de China ha logrado globalizar a una parte mucho mayor de su población que el gobierno democrático de la India.