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El milagro indio sigue vivo

NUEVA DELHI – A juzgar por lo que dicen algunos, la rosa económica india ha perdido su lozanía. Pese haber estado aclamada hasta hace poco como la próxima gran historia de éxito, el país se ha visto asaltado últimamente por malas noticias.

Abundan las historias de huida de inversores (debida principalmente a una ley tributaria restrospectiva promulgada en este año para recaudar impuestos por las transacciones extranjeras de empresas indias), inflación en aumento, al subir los precios de los alimentos y del combustible,  y luchas políticas intestinas, lo que ha retrasado una nueva política encaminada a permitir la inversión extranjera directa en el sector del comercio minorista de la India. Algunos han declarado incluso que “el caso de la India” ha concluido.

Pero el pesimismo actual es tan exagerado como el optimismo del pasado. Precisamente cuando el mundo ha afrontado una crisis y una recesión económicas mundiales sin precedentes, a consecuencia de la cual la mayoría de los países han padecido tasas de crecimiento negativas en al menos un trimestre durante los cuatro últimos años, la India sigue siendo la economía grande que más crece, después de China.

Se han citado muchas razones para explicar ese éxito. Los bancos y las instituciones financieras de la India no sintieron la tentación de comprar valores respaldados por hipotecas y participar en el “exquisito” comercio de derivados que arruinó a varias instituciones financieras occidentales y, aunque las exportaciones de mercancías de la India registraron descensos del 30 por ciento, aproximadamente, las exportaciones de servicios siguieron prosperando. Además, las transferencias de los indios que trabajan en el extranjero siguen siendo importantes, pues aumentaron de 46.400 millones de dólares en el período 2008-2009 a 57.800 millones de dólares en el período 2010-2011, la mayoría de ellas procedentes de la comunidad de trabajadores manuales indios en países del Golfo.