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El Problema No es el FMI

La actual campaña presidencial en Brasil ha traído al FMI de vuelta al escenario central del debate internacional. ¿Son las curas del FMI peores que la enfermedad, como argumentan los críticos como el Premio Nobel Joseph Stiglitz? Kenneth Rogoff, economista en jefe del FMI, opina por parte de la defensa.

En gran parte del mundo el FMI es caricaturizado como un demonio de austeridad. A donde quiera que el FMI llega para proveer asistencia financiera, parece casi seguro que vendrán dolorosos recortes al presupuesto gubernamental. Esta imagen de austeridad resulta atractiva para la necesidad emocional de contar con historias en las que haya villanos. Después de todo, los buenos villanos venden libros, incluso los libros acerca de la globalización que muestran al FMI como un demonio.

¿Pero es esa imagen reflejo de la realidad? ¿Es el FMI, el miembro de la familia de la ONU que está a cargo de mantener la estabilidad financiera, en verdad tan maléfico o tan mal dirigido que puede sólo proponer políticas que inflingen sufrimiento económico en lugar de aliviarlo?

Admito que el FMI tiene sus fallas y no pretendo encubrirlas. Hasta hace un año, cuando dejé una posición académica en la Universidad de Harvard para volverme economista en jefe del Fondo, me opuse a y critiqué, quizá no tan acremente, la forma en la que el FMI administra el sistema monetario internacional.