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El FMI va a Alemania

La partida de Horst Koehler del puesto de Director Gerente del FMI para presentarse a la elección de Presidente de Alemania nos permite un momento de reflexión, tanto sobre el Fondo como el estado de la economía alemana.

En vísperas de la llegada de Koehler a su cargo en el FMI, el mundo había vivido un periodo de turbulencias financieras no vistas desde la década de 1930. La confianza en el FMI estaba en su punto más bajo. Había manejado de mala manera las crisis del Este Asiático, Rusia y Brasil. Existía una nube de descrédito sobre su predecesor y la elección misma de Koehler no estuvo exenta de controversias.

Sin duda, al escoger a su líder, una organización pública internacional debe buscar a la persona más calificada y la elección se debería hacer de la manera más abierta y transparente posible. Esto era exigido por los principios de responsabilidad democrática, de los que el FMI hablaba perentoriamente en el mundo en desarrollo. Sin embargo, finalmente un acuerdo entre Estados Unidos y Europa dictó que el líder del FMI debía ser un europeo.

A su vez, los europeos estuvieron de acuerdo en que Alemania no había tenido la justa oportunidad de encabezar una organización internacional de peso, de modo que la opción era simple: un alemán aceptable para Estados Unidos se quedaría con el puesto. ¡Ni siquiera se pensó que fuese necesario tener experiencia en los países en desarrollo, donde ocurrieron prácticamente todas las crisis que debió enfrentar el FMI!