Mil millones de hambrientos

COPENHAGUE – El hambre ha desaparecido de la conciencia del mundo rico. Las imágenes televisadas de niños del Tercer Mundo con sus barrigas hinchadas ya no remecen a los telespectadores. Las encuestas muestran que las naciones desarrolladas ahora creen que los grandes problemas del mundo son el terrorismo y el cambio climático.

Sin embargo, la desnutrición en las madres y sus pequeños se cobrará 3,5 millones de vidas este año. Las existencias mundiales de alimentos están en niveles históricamente bajos. En África occidental y el sur de Asia se han producido desórdenes civiles debido a la escasez de comida. El ritmo de avance para el objetivo de las Naciones Unidas de reducir a la mitad la cantidad de gente que sufre hambre para el año 2015 es angustiosamente lento, y quienes más sufren son los mil millones de personas que sobreviven con un dólar o menos al día.

La tragedia individual y las dificultades de un país van mano a mano. Vidas más cortas son sinónimo de una menor producción económica e ingresos más bajos. El hambre deja a las personas más expuestas a contraer enfermedades, lo que exige gastos en salud. Quienes son capaces de sobrevivir a los efectos de la desnutrición con menos productivos; los daños físicos y mentales implican que los niños se benefician menos de la educación.

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