El rostro humano del cambio climático

Hace unas semanas en un periódico se describía un nuevo dispositivo inteligente. El aparato en cuestión extrae agua de la atmósfera y a cambio entrega un vaso de agua limpia y congelada. Es maravilloso lo que la tecnología puede ofrecerles a los ricos.

Sin embargo, no corren la misma suerte los millones de africanos que enfrentan la interrupción de las precipitaciones de las que dependen sus cultivos, su ganado y sus familias. En su caso, se puede esperar que el cambio climático traiga aparejadas tormentas más erráticas e inciertas, sin ninguna garantía de agua en el pozo, en el balde o en el campo.

El agua está en el corazón de la vida misma, ya sea para beber o lavar, para irrigar cultivos, para que abreve el ganado o para generar energía. Los que vivimos con un clima húmedo tendemos a maldecirlo, pero si enfrentáramos semana tras semana de sol ardiente sin ninguna perspectiva de nubes a la vista, estaríamos en serios problemas. Casi mil millones de personas en el planeta se las ingenian para vivir con una seria escasez de agua, y sus circunstancias muy probablemente empeoren con el cambio climático y la rápida urbanización.

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