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Los costos ocultos del dinero

PRINCETON – Cuando la gente dice que “el dinero es la raíz de todos los males”, generalmente no se refiere al dinero en sí mismo. Al igual que San Pablo, de quien proviene la cita, hablan del amor al dinero. ¿Puede el dinero mismo, independientemente de nuestra avaricia, representar un problema?

Karl Marx así lo creía. En los Manuscritos económicos y filosóficos de 1844 , una obra de su juventud que permaneció sin publicar y desconocida en gran medida hasta mediados del siglo XX, Marx describe al dinero como “el agente universal de separación” porque transforma las características humanas. Marx escribe que un hombre puede ser feo, pero si tiene dinero puede comprarse “las mujeres más hermosas”. Presumiblemente, sin dinero se necesitarían cualidades humanas más positivas. Marx pensaba que el dinero nos enajena de nuestra naturaleza humana y de nuestros congéneres.

La reputación de Marx se vino abajo cuando resultó evidente que se había equivocado al predecir que una revolución de los trabajadores traería una nueva era con mejores condiciones de vida para todos. Por ello, si sólo tuviéramos sus opiniones sobre los efectos enajenantes del dinero, podríamos ignorarlo como elemento de una ideología equivocada. Pero las investigaciones de Kathleen Vohs, Nicole Mead y Miranda Goode que se publicaron en 2006 en la revista Science indican que podría haber algo de cierto en las afirmaciones de Marx.

En una serie de experimentos, Vohs y sus colegas idearon formas de hacer que la gente pensara en el dinero sin pedírselo explícitamente. Dieron a algunas personas la tarea de ordenar un conjunto de letras para formar frases que resultaban estar relacionadas con el dinero. A otras les pusieron cerca fajos de billetes del juego Monopolio. A otro grupo le mostraron un protector de pantalla con diversas denominaciones de dinero. Otras personas elegidas al azar formaron frases que no tenían que ver con el dinero, no vieron los billetes del Monopolio y miraron protectores de pantalla diferentes. En todos los casos, las personas a las que se había inducido a pensar en el dinero –llamémosles el “grupo del dinero”—se comportaron de manera distinta a las del grupo que no había sido expuesto.