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La salud de la política americana

CAMBRIDGE – El plan del Presidente Barack Obama de ampliar la cobertura de salud a casi todos los americanos, recientemente aprobado por  el Congreso de los Estados Unidos, constituye la legislación social más importante promulgada en el país desde el decenio de 1960. Aunque la oposición republicana sigue siendo fuerte, la ley fue una importante victoria política nacional para Obama.

Su promulgación tiene también consecuencias más amplias, porque, como la elección de Obama en 2008, aborda cuestiones relativas a la salud del sistema político de los Estados Unidos. Al fin y al cabo, en tiempos estaba generalizada la opinión de que un afroamericano sin una máquina política no podía llegar a presidente.

Recientemente, muchos observadores han sostenido que el paralizado sistema político americano impediría al país plasmar sus abundantes recursos de poder en capacidad de dirección. Como ha sostenido recientemente un periodista perspicaz, “los Estados Unidos siguen teniendo los medios necesarios para abordar casi todas sus deficiencias estructurales... la utilización de la energía, los gastos médicos, la adecuada combinación educativa y ocupacional para revitalizar una clase media sólida. Ésa es la tragedia americana de comienzos del siglo XXI: una cultura llena de vitalidad, que se renueva a sí misma y atrae el talento del mundo y un sistema de gobierno que cada vez parece más una broma”.

El de la conversión del poder –la plasmación de los recursos de poder en una influencia efectiva– es un problema antiguo para los EE.UU. La Constitución se basa en la concepción liberal del siglo XVIII de que la mejor forma de controlar el poder es mediante la fragmentación y los contrapesos.