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La trampa de la armonía

Existe un sentimiento generalizado de que la integración europea se está moviendo hacia los lados, si no es que hacia atrás. Pero al menos en un campo se han logrado avances reales: los esfuerzos de la Comisión a fin de construir un mercado único para los servicios financieros.

Un ambicioso Plan de Acción para los Servicios Financieros (lanzado en 1999 con el objetivo de alcanzar un mercado al mayoreo único, mercados al menudeo abiertos y seguros, y normas cautelares y supervisión de avanzada) incluía 42 medidas que debían implementarse entre 2003 y 2005. Después de un lento arranque, se han logrado avances rápidos: se han adoptado formalmente 36 medidas que incluyen directrices importantes sobre abuso de los mercados, folletos, garantías financieras, mercadeo a distancia, esquemas colectivos de inversión y un conjunto común de estándares internacionales de contabilidad para las cuentas consolidadas de todas las empresas que cotizan en las bolsas de valores.

Se ha alcanzado una posición común sobre otras cuatro medidas, que incluyen directrices sobre servicios de inversión, transparencia y fusiones. También se ha dado un salto institucional hacia adelante con la adopción del llamado método Lamfalussy para la adopción rápida de las medidas y la aprobación de un comité de reguladores europeos.

Los resultados son impresionantes. Pero para evaluar su relevancia es necesario hacer tres preguntas: ¿se necesitaba esa armonización? ¿Qué tan satisfactorios son los resultados, más allá del simple número de las medidas que se han adoptado? Y lo más importante, ¿será suficiente la consumación del PASF para alcanzar el mercado financiero único?