Nuevas perspectivas para Haití

Lamentablemente, las elecciones presidenciales celebradas esta primavera en Haití reforzaron la triste reputación del país. La paradoja es que hoy Haití tiene una oportunidad, quizás la más importante de su historia moderna, de escapar de su larga historia de extrema pobreza y desórdenes de todo tipo.

A apenas una hora de vuelo desde Miami, el país enfrenta niveles de pobreza similares a los de las zonas más pobres del África del Subsahara. No obstante, mientras muchas partes del mundo son extremadamente pobres debido a su aislamiento, Haití es extremadamente pobre a pesar de su proximidad al mayor mercado del mundo. Ahora Haití puede convertir su geografía en una ventana competitiva, pero sólo si recibe ayuda de los Estados Unidos.

Haití nos recuerda un famoso lamento que se solía escuchar acerca de otro vecino de EE.UU., México: “Tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos”. Como en el caso de México, la proximidad de Haití a los Estados Unidos ha sido determinante en su historia, y por supuesto, debería ser una ventaja para el sector exportador y la atracción de inversiones.

Sin embargo, esta proximidad también ha significado intromisiones por parte del poderoso vecino del norte. Haití fue el segundo país, después de EE.UU., en lograr su independencia de Europa, tras una rebelión de esclavos en 1804. Sin embargo, Estados Unidos vio a Haití como una amenaza más que como un compañero de libertad, rehusándose darle el reconocimiento diplomático sino hasta después del estallido de la Guerra Civil que finalmente puso fin a la esclavitud en EE.UU.

Incluso después del reconocimiento por el Presidente Abraham Lincoln en 1862, las relaciones siguieron siendo agrias. Haití fue explotada y a veces ocupada por tropas estadounidenses, en lugar de ser vista como un socio comercial y diplomático legítimo.

Mientras tanto, las condiciones ecológicas y demográficas de Haití plantearon grandes desafíos de desarrollo que nunca se han superado. Huracanes devastadores asolan la isla con regularidad. Ha sufrido una enorme deforestación, y se han agotado los nutrientes de sus suelos. Las enfermedades tropicales siguen matando personas hasta el día de hoy.

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A mediados del siglo diecinueve sufrió un golpe económico devastador, cuando Europa aprendió a producir azúcar de un cultivo de zonas temperadas, la remolacha, en lugar de utilizar la caña de azúcar tropical. Los precios mundiales del azúcar se desplomaron, y Haití cayó en un desorden aún mayor. La pobreza extrema produjo analfabetismo y capacidades de gobierno miserables, lo que a su vez empeoró el hambre, la enfermedad y la inestabilidad.

La historia económica reciente de Haití está marcada por un notable y trágico camino cuesta abajo desde mediados de los años 80, agravado por una diplomacia estadounidense a veces bien intencionada pero llevada a cabo con efectos característicamente desastrosos. En un intento por ejercer presión en pro del desarrollo de la democracia en Haití, EE.UU. impuso sanciones económicas que cercenaron su frágil y naciente sector exportador, especialmente de prendas de vestir y otros tipos de productos de uso intensivo de mano de obra. Cundió el desempleo y las ciudades entraron en una espiral de violencia.

Más tarde, EE.UU. inició una destructiva relación de 15 años con Jean-Bertrand Aristide, inmensamente popular entre los pobres de Haití, pero de quien desconfiaban la mayoría de los empresarios y muchos de los principales políticos estadounidenses. Cuando Aristide llegó al poder en 2001, la administración Bush cortó la mayor parte de la ayuda internacional, ayudando a que la economía cayera en picada. El gobierno de Aristide fue derribado en circunstancias altamente polémicas en 2004.

El presidente recién electo, Rene Preval, es un agrónomo de gran talento y experiencia, por lo que tiene la formación perfecta para resucitar la degradada economía rural del país. Por la cercanía del mercado estadounidense, Haití podría lograr una importante recuperación de las exportaciones de horticultura, frutas y otros productos agrícolas, así como el turismo y bienes manufacturados simples.

La clave será que el nuevo gobierno proporcione un marco sólido que combine inversiones públicas fundamentales –caminos, energía, fertilizantes, mejores variedades de semillas, salud pública, agua potable segura- con una estrategia de fortalecimiento de la confianza con la comunidad empresarial y relaciones fructíferas con los Estados Unidos y otros países donantes. Esta vez, EE.UU. está muy interesado en prestar una completa cooperación para promover el progreso económico: otra ronda de fracasos sólo provocaría el caos... incluidas grandes cantidades de nuevos refugiados hacia su territorio.

La brecha entre el desempeño de Haití y su potencial es hoy tan grande que es posible lograr grandes avances en los niveles de ingresos, la agricultura, la salud, la educación y otras áreas. Los rendimientos de las cosechas se encuentran por debajo de una tonelada de cereal por hectárea de tierra cultivada, mucho menos de la mitad de lo que se puede lograr con facilidad si se ayuda a los agricultores a tener acceso a fertilizantes, mejores semillas e infraestructura básica.

De manera similar, las condiciones sanitarias son horrendas, pero se podrían mejorar radicalmente con medidas de inmunización, desparasitación, potabilización del agua, antibióticos y mallas para camas con el fin de combatir la malaria. Los trabajadores de la salud comunitaria se podrían formar en cuestión de meses para llevar atención de salud básica a las áreas rurales, cuyos habitantes a su vez podrían movilizarse y hacer frente de mejor manera a las consecuencias de los huracanes futuros.

En el frente económico, Haití puede convertirse en un exportador rentable de cultivos tropicales como cacahuates, mangos, flores recién cortadas, habichuelas y bambú, que son fuente de progreso en sus vecinos de la cuenca del Caribe. El propio pueblo natal de Preval ha utilizado con éxito un nivel modesto de apoyo de donantes externos para crear nuevas cooperativas rurales orientadas a la comercialización de mejores cultivos. Además, con sus hermosas playas y lo notable de sus manifestaciones artísticas y musicales, Haití podría convertirse una vez más en un destino turístico de importancia.

De hecho, Haití puede convertirse en una inspiración para muchas otras democracias frágiles y empobrecidas. Estados Unidos, Francia, Canadá y otros países donantes destacados no deben perder esta oportunidad histórica de brindar una ayuda vital y necesaria al nuevo gobierno democráticamente electo de Preval.

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