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La tragedia griega, segundo acto

CHICAGO – Una tragedia griega típica se compone de tres actos. En el primero se dispone la escena; pero para que la trama alcance el clímax, hay que esperar al segundo acto. En la Grecia de la actualidad, la imposición de pérdidas “voluntarias” a los acreedores privados del país representa solamente el fin de la primera parte. La tragedia real todavía está por desarrollarse.

A juzgar por las apariencias, el acuerdo “voluntario” con los acreedores puede parecer un éxito rotundo. El volumen de la deuda externa de Grecia se redujo en más de cien mil millones de euros (ciento treinta mil millones de dólares) y los socios europeos de Grecia prestaron otros ciento treinta mil millones de euros. Así, Grecia evitó una seguidilla de quiebras de bancos y pudo seguir pagando a sus empleados públicos.

Pero a pesar de estos resultados tan publicitados, la realidad es mucho peor de lo que parece. Incluso después del último acuerdo, la deuda de Grecia todavía representa el 120% del PIB del último año. Con la contracción del 7% del PIB prevista para este año y el déficit sostenido, la proporción deuda/PIB se irá por encima del 130%, para luego estabilizarse en 2020 en un 120%.

Este nivel menor también es insostenible. La población de Grecia va camino de reducirse a un ritmo del 0,5% anual a lo largo de los próximos 30 años, de modo que si el ingreso per cápita de los griegos aumentara a una tasa del 1,5% anual, como en Alemania, aun así sería difícil honrar la deuda. Suponiendo que Grecia pueda endeudarse a un interés real de solamente el 3% (el nivel actual es 17%), el Estado debería mantener un superávit primario (balance fiscal menos pago de intereses) igual al 2,6% del PIB durante cada uno de los próximos 30 años, solamente para mantener la carga de la deuda en un nivel estable.