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El fin de la Gran Guerra en Siria

NUEVA DELHI – Mientras Occidente se prepara para conmemorar el centenario del inicio de la Primera Guerra Mundial en 1914, Oriente Próximo se encuentra más convulso que nunca antes por el legado de la disolución del Imperio Otomano. Basta con dirigir la mirada a Siria, donde parte de ese legado (el Tratado Sykes-Picot, que dividió el Levante entre las esferas de influencia británica y francesa incluso cuando la Gran Guerra seguía su curso) está llegando a un final brutalmente violento.

De manera similar, los disturbios que se viven en Turquía son, al menos en parte, consecuencia del enfoque exageradamente “neo-otomano” del gobierno del Primer Ministro Recep Tayyip Erdogan. Por intentar establecer el tipo de influencia regional que los turcos no han tenido desde que Kemal Ataturk fundara la República de Turquía, Erdogan ha caído en algunos de los pecados de arrogancia del régimen otomano.

Por supuesto, el Levante ha sido escenario de incontables conflictos a lo largo de los siglos. Sir Archibald Wavell, uno de los más grandes generales británicos de la Segunda Guerra Mundial y penúltimo Virrey de la India, escribió en su biografía del Mariscal de Campo de la Primera Guerra Mundial Edmund Allenby, que dirigió a los Aliados en el Levante: “La mayor proeza de la historia de la caballería montada, y posiblemente su último éxito a gran escala, ha acabado a corta distancia del campo de batalla de Issos, donde Alejandro el Grande demostrara por vez primera cómo se podían ganar las batallas.”

Pero la paz sigue eludiendo al Levante. Como observara hace poco el analista de Oriente Próximo Murtaza Hussain: “Siria e Irak, que antes eran estados árabes creados tras la derrota de sus antiguos gobernantes otomanos, hoy existen solo de nombre”. Lo que surgirá podría ser una región fragmentada y fácilmente manipulable.