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La Gran Depresión en el recuerdo económico

PARÍS – La polémica que ha surgido en los Estados Unidos y Europa entre quienes proponen un mayor estímulo gubernamental y los partidarios de la moderación fiscal da enteramente la impresión de un debate sobre la historia económica. Los dos bandos han vuelto a examinar la Gran Depresión del decenio de 1930 –además, de la historia de las crisis de deuda soberana, que se extiende a lo largo de siglos– en una polémica que tiene poco parecido con las polémicas habituales de política económica.

El bando partidario del estímulo se refiere con frecuencia al perjuicio causado por la moderación fiscal en los Estados Unidos en 1937, cuatro años después de la elección de Franklin Roosevelt como Presidente de los EE.UU. y el lanzamiento del Nuevo Trato. Según los cálculos del economista Paul van den Noord, el resultado neto del presupuesto de 1937 fue una contracción fiscal que representó tres puntos porcentuales del PIB, lo que no constituyó una cantidad insignificante precisamente. El crecimiento económico se desplomó del 13 por ciento en 1936 al 6 por ciento en 1937 y el PIB se contrajo un 4,5 por ciento en 1938, mientras que el desempleo aumentó del 14 por ciento al 20 por ciento. Aunque la política fiscal no fue la única causa de la doble caída, la inoportuna moderación fiscal contribuyó, desde luego, a ella.

Así, pues, ¿estamos como en 1936 y podría la restricción presupuestaria prevista en muchos países provocar una similar recesión con doble caída?

Está claro que la comparación tiene límites. Para empezar, ha transcurrido mucho menos tiempo desde la crisis financiera, la recesión ha sido mucho menos profunda y la recuperación ha llegado mucho antes. Además, acontecimientos importantes que ocurrieron entre la crisis del mercado de valores de 1929 y la restricción fiscal de 1937 –en particular, el giro de los Estados Unidos hacia el proteccionismo en 1930 y la agitación monetaria de los años posteriores– carecen de equivalente actualmente.