La lucha contra la malaria

LONDRES – El tsunami en Japón, el terremoto en Haití, y el huracán Katrina se cuentan entre las principales catástrofes naturales recientes. La enorme devastación cobró miles de vidas, destruyó infraestructura vital y paralizó economías. Las comunidades afectadas no podían ser más distintas ente sí, y sin embargo, las semejanzas de las respuestas son notables. Las muestras de apoyo mundial pusieron de relieve de lo que es capaz la humanidad en sus mejores momentos.

Si bien el apoyo internacional en tiempos de crisis demuestra una respuesta moral aparentemente innata ante el sufrimiento de los demás, también pone de relieve con una claridad inquietante que es difícil alcanzar el mismo nivel de empatía cuando la crisis es crónica y no súbita, imprevista y dramática.

Uno de los desafíos más graves para la salud global es la malaria, que cobra más de 800,000 vidas cada año, principalmente entre los niños africanos. Según la Alianza para Hacer Retroceder el Paludismo, 2,000 niños mueren diariamente por esa enfermedad. Sin embargo, a diferencia de lo que pasa después de una catástrofe natural, no hay fotógrafos que capturen el alcance de esta tragedia. La pérdida de vidas es igual de devastadora pero, sin la profusión de imágenes terribles, es mucho más fácil permanecer indiferentes ante las victimas de la malaria.             

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