Paul Lachine

La revolución global de la innovación

BERKELEY – En momentos en que los países de todo el mundo se esfuerzan por sentar las bases de un crecimiento sostenible más sólido para el futuro, les conviene concentrarse en políticas que alienten la innovación. Se han realizado estudios empíricos sobre diferentes épocas y países, y estos han confirmado que la innovación es la fuente principal de cambio tecnológico y aumento de la productividad. Paralelamente, la inversión en actividades de investigación y desarrollo y en la formación de los científicos e ingenieros de las que aquellas dependen son motores fundamentales de la innovación y la competitividad nacional.

El Consejo Científico Nacional, organismo rector de la Fundación Nacional para la Ciencia de los Estados Unidos, ha publicado un nuevo estudio donde se examinan tendencias de estos tipos de inversión, tanto para países individuales como regiones enteras. Del estudio se desprende que el panorama global de la innovación ha cambiado considerablemente a lo largo de la última década.

Es probable que este cambio se profundice a medida que varias economías asiáticas (especialmente China y Corea del Sur) aumenten su inversión en I+D y en educación en ciencia e ingeniería, para asegurarse un lugar entre los centros de innovación más importantes. Al mismo tiempo, puede ocurrir que Estados Unidos, Europa y Japón, agobiados por el peso de sus deudas, deban reducir sus inversiones en esas mismas áreas.

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