0

La imaginación mundial de la protesta

NUEVA YORK – Cuando en la primavera pasada apareció un grafiti en una pared cerca del Ministerio de Interior de Túnez que decía así: “Gracias, Facebook”, no era sólo un elogio a una empresa de medios de comunicación social que había facilitado el levantamiento del país. Era también una celebración de la sensación de experiencia compartida que caracterizó la revolución tunecina… y las muchas otras protestas y revoluciones históricas que estallaron en 2011.

Como descubrimos al recopilar ensayos para nuestro nuevo libro From Cairo to Wall Street: Voices from the Global Spring (“De El Cairo a Wall Street. Voces de la primavera mundial”), una de las características definitorias de la nueva era de protesta es el deseo y la capacidad de conectarse… a través de barrios, ciudades, países e incluso continentes. En el país de cada uno de los autores, una nueva conciencia de destinos compartidos y de una comunidad mundial impregnaron los movimientos de protesta. La tecnología de los medios de comunicación social fue un instrumento que la impulsó, pero también lo fue la atribución de un nuevo significado al espacio público y la concepción de que una pluralidad de ideas es superior al dogma: de que el acto de colaboración es tan importante como el resultado.

Así, pues, no fueron simplemente revoluciones políticas. Fueron también revoluciones de ideas: la mundialización de la protesta como estrategia.

Desde luego, las reivindicaciones de los manifestantes varían en gran medida según las circunstancias locales (aunque existe una asombrosa coherencia en todas las regiones e incluso continentes en lo relativo a cuestiones como la vivienda, el desempleo, la desigualdad y la frustración de unos jóvenes que han estudiado con gran aplicación y no pueden encontrar puestos de trabajo). Al mismo tiempo, la filosofía del cambio mediante la acción de masas en colaboración y sin exclusión es común a casi todo los movimientos, que se fertilizan entre sí.