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Latinoamérica y el chavismo sin Chávez

CARACAS – En Venezuela, el chavismo perdió la hegemonía. No importa que aún conserve el control del parlamento, 17 gobernaciones y todo el manejo de los poderes sometidos al Ejecutivo, incluyendo la Justicia. No importa tampoco que Nicolás Maduro haya asumido estos días la presidencia. Porque la ajustadísima y discutida victoria de Maduro en las elecciones presidenciales es una señal incontrastable de que algo profundo está ocurriendo en el país de Chávez. Crisis que afecta fuertemente a América Latina: un chavismo disminuido es mala noticia para el eje populista de la región.

Por primera vez en una elección presidencial, Venezuela queda dividida en dos mitades casi exactas, lo que admite muchas lecturas de cara al porvenir. La primera es que el chavismo sin Chávez empezó mal: puso en jaque no sólo la hegemonía dogmática impuesta por el líder, sino la propia supervivencia de su movimiento, tal como se lo conoció hasta ahora.

Entre las elecciones del 7 de octubre próximo pasado y las de este 14 de abril, con igual participación de electores, el chavismo perdió casi 700 mil sufragios. Los mismos que ganó la Unidad Democrática de Henrique Capriles. Un fenomenal viraje que muchos –incluso en el chavismo– atribuyen a que “Maduro no es Chávez”. Toda una definición.

Se suponía que el heredero, elegido por el líder a poco de morir, podía hacer un mejor papel. Pero dilapidó el capital electoral de su padre político y, para peor, ahondó el mar de dudas que embarga a los dos chavismos que ahora asoman: uno ligado a Cuba, como Chávez siempre quiso (por eso dejó el mando Maduro, marxista duro formado por los hermanos Castro) y otro más nacionalista, menos “anticapitalista”, cuyos líderes están sin duda en el sector militar, pero todavía no descubren su juego ni sus caras.