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La nueva identidad europea de los socialistas franceses

El Partido Socialista francés puede haber salvado ya la ratificación por parte de Francia del proyecto de tratado constitucional de la Unión Europea en el referéndum que se celebrará el próximo verano. A comienzos de diciembre, los miembros del partido y sus partidarios votaron abrumadoramente a favor del tratado. En un momento en que la popularidad del Presidente Jacques Chirac y del Primer Ministro Jean-Pierre Raffarin –y las fuerzas derechistas francesas en sentido más amplio– experimentan un marcado descenso, un triunfo del “no” podría haber hecho inclinarse al público contra la ratificación.

Pero el voto de los socialistas franceses es importante también para la izquierda europea. El Partido Socialista francés nunca tuvo su aggiornamento o “Bad Godesberg” (donde el Partido Socialdemócrata alemán renunció en 1959 a sus últimos vestigios de marxismo), sino que durante mucho tiempo defendió la teoría de una “ruptura” revolucionaria con el capitalismo, sin reconocer nunca claramente su naturaleza reformista.

A consecuencia de ello, los socialistas franceses siempre se han situado a la izquierda de sus socios europeos, al conceder un papel económico de la mayor importancia al Estado, tras las grandes nacionalizaciones habidas en 1981, después de que François Mitterrand fuese elegido presidente por primera vez. Después luchó contra la “tercera vía” de Tony Blair y el “nuevo centro” de finales del decenio de 1990 de Gerhard Schröder.

El partido sí que eligió a Europa frente al dogma en 1983, cuando Mitterrand decidió permanecer en el Sistema Monetaria Europeo, pero nunca debatió ni teorizó esa opción, sino que se limitó a aceptar la afirmación del Primer Ministro Lionel Jospin de que la estabilidad fiscal y la modernización financiera resultantes de aquella decisión eran un simple “paréntesis”.