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El callejón sin salida francés

PARÍS – Cuando falta poco para que se celebren las elecciones presidenciales en Francia, este país está acercándose a una situación límite. Durante tres decenios, con gobiernos tanto de derechas como de izquierdas, el país ha perseguido los mismos fines incompatibles, si no contradictorios. Como la crisis de la deuda soberana está empujando los bancos franceses –y, por tanto, la economía francesa– contra la pared, algo habrá que hacer y pronto.

Cuando llegue la hora de la verdad –casi con toda seguridad un año o dos después de las elecciones–, causará un cambio radical y doloroso, tal vez más incluso que el golpe de Estado de Charles de Gaulle, que condujo al establecimiento de la Quinta República en 1958.

La mayoría de los políticos y los burócratas franceses consideran alarmistas esas ideas. Al fin y al cabo, ¿acaso no son peores en los Estados Unidos y Gran Bretaña indicadores como la tasa de endeudamiento o el déficit presupuestario? De hecho, la situación de Francia podría parecer comparable a la de los “anglosajones”, de no ser por el querido cielito de la clase política francesa: el euro.

Si bien el euro no ha causado los problemas económicos de Francia, el compromiso de sus políticos con la moneda única representa una barrera insuperable para resolverlos. El problema fundamental es el de que el generosísimo Estado del bienestar del país (el gasto público representó el 57 por ciento, aproximadamente, del PIB en 2010, frente al 51 por ciento en el Reino Unido y el 48 por ciento en Alemania) asfixia el crecimiento necesario para que el euro siga siendo viable.