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Cuarenta años de tragedia en Palestina

Hace cuarenta años, Israel ocupó Cisjordania, Gaza y las Alturas del Golán después de una rápida guerra de seis días que repelió a los ejércitos de Egipto, Jordania y Siria. Hoy, el final de la ocupación de los territorios palestinos que comenzara ese junio parece un sueño más lejano que nunca.

El caos al estilo de Somalía y la guerra civil que hoy vemos en Gaza como resultado de este punto muerto que ya lleva décadas sin novedades en parte se puede achacar a políticas israelíes mal concebidas y en parte a una administración estadounidense que, por largos seis años, relegó la causa de la paz entre Israel y Palestina a los últimos lugares de su agenda. Sin embargo, es erróneo e inexacto atribuir el fracaso de los palestinos en desarrollar un sistema ordenado de autogobierno sólo a los efectos perniciosos de la ocupación israelí y las políticas estadounidenses.

La crisis palestina es, por sobre todo, una crisis de liderazgos. Es cierto que Yasser Arafat no fue un modelo de demócrata, pero su carisma y perspicacia política eran cruciales para mantener unidas todas las facciones palestinas. Hoy ni siquiera Al Fatah, el propio partido de Arafat, puede decir que es una organización coherente. La victoria electoral de Hamas en enero de 2006 se debió en gran medida a la fragmentación de Al Fatah bajo el sucesor de Arafat, Mahmoud Abbas.

Sin una autoridad central eficaz para inspirar temor o respeto y con una OLP carente de legitimidad precisamente por su negativa a dar a Hamas su merecida participación en la organización, ha surgido una grotescamente ineficaz "cohabitación" entre un Presidente perteneciente a Al Fatah y un Primer Ministro que es miembro de Hamas. Como resultado, la política palestina ha degenerado en una lucha abierta por los restos del poder.