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La política exterior estadounidense ante el abismo fiscal

PRINCETON – El mundo debería estar preocupado. Es muy posible que el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, y los congresistas republicanos no lleguen a un acuerdo antes del primero de enero, fecha en que deben entrar en vigor una serie de recortes de gastos y aumentos de impuestos. Los mercados globales miran con nerviosismo, porque entienden bien el riesgo que supone que Estados Unidos se despeñe por el “abismo fiscal”: en ese caso, tanto el país como el resto del mundo pueden caer en una nueva recesión.

Igual de nerviosos deberían estar los ministros de asuntos exteriores de todo el mundo, ya que a menos que Estados Unidos logre poner en orden su situación fiscal, deberá abdicar del liderazgo en una amplia variedad de cuestiones internacionales críticas.

En el corto plazo, Siria y sus vecinos ya están pagando por la incapacidad estadounidense de concentrarse en nada que no sea su política interna desde la reelección de Obama. En mi opinión, la crisis siria está en un punto decisivo: aunque ya es evidente que tarde o temprano la oposición triunfará y derribará al presidente Bashar Al Assad, la duración del final de partida determinará la identidad de quienes ocuparán el poder y las condiciones en que lo harán.

La implosión de Siria y la probabilidad de que se convierta en terreno fértil para el caos y el extremismo amenazan a todo Oriente Próximo: la estabilidad de Líbano, Jordania, Turquía, Irak, Gaza, Cisjordania, Israel, Irán y Arabia Saudita está en vilo. Sin embargo, todavía no se sabe quién ocupará el lugar de Hillary Clinton en la Secretaría de Estado cuando en enero comience formalmente el segundo mandato de Obama, ni quiénes integrarán el área de seguridad de la Casa Blanca.