La lucha por la comida

GINEBRA – Todos los años, 3,5 millones de madres y niños de menos de cinco años de edad mueren en países pobres, porque no tienen la alimentación que necesitan para luchar contra las enfermedades comunes. Tres cuartas partes de ellos podrían haber sobrevivido a la diarrea o al paludismo, si hubieran estado adecuadamente alimentados.

A los que logran sobrevivir les espera un futuro sombrío: todos los estudios muestran que los niños desnutridos en los dos primeros años de vida sufren problemas de salud y quedan rezagados en su desarrollo para el resto de su vida. La alimentación insuficiente entorpece su capacidad para aprender, trabajar y desarrollar sus talentos. Además del sufrimiento humano, los costos económicos de la malnutrición son enormes: según el Banco Mundial, los países en los que hay una mayor prevalencia de malnutrición pierden, por término medio, entre el 2 y el 3 por ciento de su PIB.

El problema no es la malnutrición grave y aguda, que afecta a la población de repente, por lo general a consecuencia de conflictos, sino cómo podemos señalar a la atención de la Unión Europea y de los países del G8  la malnutrición que los expertos llaman “hambre oculta”, que afecta a una de cada tres personas a escala mundial. La causa la alimentación no equilibrada o la carencia de las vitaminas y los minerales esenciales que permiten al cuerpo humano crecer y que mantienen sus funciones vitales.

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