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La dieta de la Reserva Federal

LONDRES – Los mercados de todo el mundo sintieron alivio tras la confirmación por parte del Senado norteamericano del renovado nombramiento del presidente de la Junta de la Reserva Federal, Ben Bernanke. Fue la decisión correcta desde la perspectiva de la estabilidad financiera; un cambio en la cima habría sembrado dudas sobre la determinación de la FED de responder de manera contundente a la crisis -y, por cierto, sobre su compromiso a largo plazo con mantener baja la inflación.


El desempeño de Bernanke en los dos últimos años se ganó una buena cuota de elogios, y una extensa lucha política por el control de la política monetaria norteamericana era lo último que el mundo necesitaba en un momento todavía muy delicado para la economía global.

Sin embargo, 30 senadores votaron en contra de Bernanke. Esto, en parte, puede haber sido pura política partidaria, pero Bernanke fue designado por el presidente George W. Bush, y hubo otras voces, tanto demócratas como independientes, que se alzaron en contra de su nuevo nombramiento.


La actitud contra Bernanke puede basarse, en parte, en su desempeño previo a la crisis. ¿No era acaso un miembro muy leal del ampquot;consenso de Greenspanampquot;, que sostenía que no era responsabilidad de la Fed ocuparse de las burbujas, ya fueran de precios de activos o de crédito, y que ésta debería limitarse a pasar el trapo después de acontecido el hecho?