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La Reserva Federal contra los financieros

En su discurso del 31 de agosto ante la conferencia monetaria anual más influyente del mundo, celebrada en Jackson Hole (Wyoming), el Presidente de la Reserva Federal de los Estados Unidos Ben Bernanke explicó con toda tranquilidad por qué la reserva federal está decidida a resistir las presiones para estabilizar unos precios de viviendas y de acciones bursátiles que están desplomándose. La fundamentada posición de Bernanke, repetida por el Presidente del Banco Central Europeo, Jean-Claude Trichet, y el del Banco de Inglaterra, Mervyn King– ha desencadenado una tormenta en los mercados, acostumbrados a los atentos mimos que les prodigaba el predecesor de Bernanke, Alan Greenspan.

No cabe duda de que se trata de un póquer en el que hay mucho en juego: sumas enormes pendientes en la balanza del mercado financiero mundial, que asciende a 170 billones de dólares. Los inversores, a quienes Greenspan inspiraba seguridad, ahora le prodigan cuantiosos honorarios de seis cifras por sus conferencias, pero, ¿quién está en lo cierto? ¿Bernanke o Greenspan? ¿Los bancos centrales o los mercados?

Para situar el debate actual en su contexto, será útil un poco de historia intelectual. Bernanke, que ocupó su cargo en la Reserva Federal en 2006, inició su carrera política en 1999 con un brillante trabajo presentado a la misma conferencia de Jackson Hole. Como académico, Bernanke sostuvo que los bancos centrales deben mostrar cautela ante las predicciones de los inmensos mercados de valores mundiales. Deben pasar por alto las fluctuaciones de los precios de la vivienda y de las acciones, salvo que existan pruebas claras y apremiantes de una reacción peligrosa para la producción y la inflación.

Greenspan escuchó paciente y silenciosamente la lógica de Bernanke, pero en sus memorias, que se publicarán este mes, sin duda defenderá enérgicamente sus famosas decisiones de echar un cable a los mercados financieros con marcadas reducciones de los tipos de interés en 1987, 1998 y 2001 y sostendrá que, de lo contrario, podría haberse hundido el mundo.