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¿Harán mis pechos estallar este avión?

OXFORD – Justo cuando parecía que el “estado de la Seguridad Interior” no podía llegar a ser más surreal, la Administración de la Seguridad en el Transporte (AST) de los Estados Unidos ha creado una situación entre Escila y Caribdis en los aeropuertos más importantes: o aceptas peligrosas dosis de radiación y la creación de imágenes con gran resolución de tu cuerpo desnudo o, preocupado por los riesgos para la salud de la acumulación de radiación, optas por no pasar por las nuevas máquinas de rayos X para todo el cuerpo (rápidamente apodadas “pornoescáneres”).

Pero, si optas por no pasar por ellas, ahora te ves sujeto, como me ocurrió a mí la semana pasada, a una “palpación” extraordinariamente invasiva y sexualizada por parte de funcionarios de la AST. “Ahora voy a tocar sus partes privadas”, me dijo, muy incómoda, una funcionaria de la AST, cuando estaba a punto de volar desde el Aeropuerto Kennedy de Nueva York, y ya lo creo que sentí el tacto invasivo de los genitales y los pechos que ahora es la política establecida para los viajeros de los EE.UU.

Los hombres cuentan que se les tocan los testículos y el pene; los funcionarios de la AST tienen orden de abrir las cinturillas y mirar en su interior y ahora YouTube rebosa de videos de niños aterrados al ser objeto –por describirlo con precisión– de abusos sexuales, pese a que ésa es la última cosa que los funcionarios de la AST desean hacer.

¿Somos libres para no ser sometidos a radiación o para negarnos a que se nos meta mano? No, no lo somos. Los pasajeros que se han negado a ser palpados en los genitales han sido esposados en sillas. Cada nueva alerta por terror o innovación de tecnología avanzada impone, al parecer, nuevas exigencias a nuestra libertad en nombre de la seguridad, pero experiencias recientes de viajeros en los EE.UU. deberían brindar razones poderosas a los funcionarios de seguridad de otros países para no aplicar semejantes políticas.