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El factor miedo

LOS ÁNGELES – El debate entre la expansión fiscal, por un lado, y la consolidación, por el otro, continúa dividiendo al mundo desarrollado. Como respuesta a la recesión global de 2008, el Reino Unido emprendió un  programa de austeridad y los Estados Unidos promulgaron un estímulo fiscal de 800 mil millones de dólares. A pesar de que la economía va mejorando, el primer ministro británico, David Cameron, promete continuar con el rumbo de la austeridad. Obama también se aferra a su postura con su reciente propuesta de hacer un gasto público adicional de 450 mil millones de dólares y recortes fiscales para dar un impulso el empleo.

El desempleo en los Estados Unidos se ha mantenido por encima del 9% en 22 de los últimos 24 meses. Mientras que algunos son partidarios de un estímulo adicional, otros piden una austeridad como la de Reino Unido. ¿Sin embargo, alguno de estos enfoques reduciría correctamente el desempleo, o funcionaría mejor una nueva ronda de “facilitación cuantitativa” (una forma no convencional de estímulo económico mediante la cual el banco central adquiere activos financieros)?

Con economistas que son premios Nobel de Economía en ambos lados del debate actual sobre la forma de solucionar el problema del desempleo, el público está comprensiblemente confundido. Paul Krugman y Joseph Stiglitz están pidiendo un estímulo fiscal aún mayor para dirigir el gasto público a la educación y la inversión en infraestructura. Por el otro lado, Robert Mundell, Myron Scholes y Reinhard Selten, está exigiendo “medidas draconianas” para mitigar los niveles de deuda.

La ley de Recuperación y Reinversión de los Estados Unidos (ARRA, por sus siglas en inglés), que Obama promulgó tras apenas tres semanas de su inauguración fue una decepción. Un estímulo de 800 mil millones no tuvo el efecto que sus oponentes esperaban, principalmente porque iba acompañada de un gran aumento en los ahorros privados. Los partidarios del plan de estímulo ahora sostienen que las cosas pudieron haber sido mucho peor sin la ley ARRA. Yo no lo creo.