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El mito fatal de un mundo sin drogas

VIENA – Las negociaciones realizadas en la Cumbre de Alto Nivel de las Naciones Unidas sobre drogas quedaron en nada. Aunque oficialmente 25 países declararon su apoyo a métodos probados, como el intercambio de jeringas y la prevención de sobredosis, el resultado de la cumbre fue una deslavada declaración política que no reconoce las lecciones cruciales que hemos aprendido a lo largo de la década pasada.

El rechazo a incluir las palabras ampquot;reducción de dañosampquot; parece motivado más por la ideología que por la ciencia, a pesar de las claras evidencias que demuestran que el intercambio de agujas y el tratamiento de sustitución mantienen a los usuarios de drogas con vida y sin sufrir infecciones mortales.

Quienes promueven la reducción de daños aceptan que las drogas siempre han sido parte de la historia humana y apuntan a reducir los daños causados por su producción y uso. Esta opinión tiene unos cuantos detractores que se hacen notar mucho, calificándola -en palabras del Vaticano- como “contraria a la vida”.

Quienes centran sus esfuerzos en  lograr el fútil objetivo de un ampquot;mundo sin drogasampquot; se niegan a reconocer los comprobados beneficios de la reducción del daño. Sin embargo, es abrumadora la evidencia contra la ampquot;guerra a las drogasampquot;: prisiones llenas de infractores no violentos a las leyes sobre drogas, miles de millones de dólares destinados a acciones militares para refrenar la producción, mientras la disponibilidad de drogas ilícitas aumenta y los precios bajan, y crecen los índices de infección por VIH en la ex Unión Soviética y partes de Asia.