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Los cristianos árabes están en peligro

BRUSELAS – El reciente secuestro del arzobispo de la Iglesia Ortodoxa Siríaca, Juan Ibrahim, y de su par de la Iglesia Ortodoxa Griega, Pablo Yazigi, es reflejo no solamente de la creciente brutalidad de la guerra civil que se desarrolla en Siria, sino también del agravamiento de la crisis que se cierne sobre los cristianos de todo el mundo árabe y que puede terminar con su expulsión total de la región.

Según la Sociedad Internacional para los Derechos Humanos, los cristianos fueron blanco del 80% de los actos de persecución religiosa ocurridos en el mundo en 2012. Esta escalada discriminatoria contra las comunidades cristianas en países donde están presentes desde hace muchos siglos se explica en gran medida por el auge de la militancia islamista y el ascenso del Islam político como consecuencia de la Primavera Árabe. La suba al poder de diversos partidos islamistas en la región trajo consigo el inicio de una ola de intimidación y discriminación contra las minorías cristianas.

Por ejemplo, el 26 de febrero, en un mercado de ropa en Bengasi (Libia), miembros de una poderosa milicia islamista rodearon a varias decenas de cristianos coptos egipcios (fácilmente identificables por la cruz tatuada en la muñeca derecha), los detuvieron, los torturaron y amenazaron con ejecutarlos. Entre las víctimas había un sacerdote copto, a quien los captores golpearon con saña y luego le afeitaron la cabeza y el bigote. También se han producido ataques contra sacerdotes en Trípoli, así como quemas de iglesias. El mensaje es bien claro: Libia no es lugar seguro para los no musulmanes.

Si bien en Libia no hay minorías religiosas importantes, cientos de miles de egipcios viven y trabajan en el país, donde el proselitismo cristiano está prohibido y el solo hecho de poseer una Biblia basta como motivo para ser acusado de proselitismo. Pero el gobierno egipcio, controlado por la Hermandad Musulmana, no parece tener mucho interés en proteger a sus ciudadanos cristianos en Libia y se limitó a emitir un tibio pedido de liberación de los detenidos.